30/08/2018

Mudanzas con niños: cómo superar un cambio de casa con los más pequeños de la familia

Mudarse de casa puede convertirse en un proceso difícil para cualquier miembro de la familia, pero las mudanzas con niños pequeños y adolescentes suponen para ellos un cambio especialmente duro, ya que, a diferencia de los adultos, no saben la respuesta a muchas preguntas, y a veces no se atreven siquiera a plantearlas.

Para un niño, un simple cambio de habitación puede hacérsele un mundo, y obviamente todavía lo es más en el caso de un traslado de barrio o incluso de ciudad, ya que implicará dejar atrás familiares, amigos y compañeros de clase.

Obviamente, esto no es motivo para desistir de un cambio que quizá sea beneficioso para los más pequeños, como una casa, un barrio o un colegio cercano mejor, por ejemplo, que contribuirán a mejorar su bienestar a largo plazo.

Sin embargo, es importante superar los problemas que pueden surgir a corto plazo en las mudanzas con niños para que la experiencia sea lo más positiva posible para ellos.

Problemas que pueden surgir durante la mudanza con niños

Cambio de trabajo, separación de la pareja, nuevo miembro en la familia, necesidad de vivir en un lugar más cercano al colegio… son muchos los motivos que pueden ocasionar la mudanza de una familia, y todos ellos conllevan preocupaciones. A veces, agobiados, por todas ellas, perdemos de vista la angustia, la confusión y el sentimiento de pérdida que puede llegar a ocasionar en un niño o adolescente el hecho de dejar su hogar y tener que acostumbrarse a un nuevo entorno.

Identificar los problemas que pueden surgir a raíz de una mudanza con niños ayudará a tratarlos mejor. Algunos de ellos son:

Sentimiento de pérdida

Los niños suelen centrar sus preocupaciones en lo que perderán con la mudanza: su habitación, sus vecinos y amigos, su entorno, etc., incapaces de dar importancia a lo que ganarán con la mudanza. Pueden llegar a pensar que jamás se acostumbrarán al cambio, y eso les atormentará durante tiempo.

Miedo a los cambios

Todos tenemos miedo a los cambios, ¿por qué no lo iban a tener los niños?. Ellos tienen incertidumbre, debido a que en la mayoría de los caso no se les ha dado la información necesaria, desconocen lo que les espera, pues no saben nada de donde van a ir, como será la casa, su nueva habitación, colegio nuevos compañeros de clase, amigos del barrio…

Sentirse excluidos

La decisión de mudarse es una cosa de adultos, y los niños y adolescentes pueden llegar a sentir que no se tiene en cuenta su opinión. En muchos casos ni siquiera se les informa de los detalles de la mudanza. En cambio, sí que son partícipes de momentos desagradables, como ver sus cosas (juguetes, libros, videojuegos…) metidas en cajas y transportadas, a menudo por desconocidos, a otro lugar.

No comunicar cómo se sienten

A veces, incluso cuando parecen involucrados en la mudanza y no les detectamos preocupaciones, pueden sentir incertidumbre. Cada niño reacciona de forma diferente a un cambio como este.

Cambio de carácter

Algunos niños o adolescentes pueden llegar a mostrar reacciones que no cuadran con su manera de ser, como infantilización, rebeldía o irascibilidad sin una lógica de causa y efecto, y llegar a culpar a sus padres de querer perjudicarles, sometiéndolos en ocasiones a chantaje emocional para que desistan.

Es importante planificar el momento oportuno para mudarse. Si es posible es recomendable que la mudanza se realice cuando el niño no esté viviendo otros grandes cambios en su vida. Del mismo modo, el mejor momento para mudarse es en verano, es decir, durante el periodo de las vacaciones escolares porque de este modo no interrumpimos su curso escolar.

¿Cómo hacer una mudanza con niños sea menos estresante?

Una vez hemos identificado los problemas, debemos abordar una solución. A continuación damos algunos consejos para hacer más llevadera la mudanza con niños:

Comunicación, sin importar la edad

Una vez tomada la determinación de mudarse hay que comunicársela a los más pequeños de la casa (ni después ni cuando la decisión todavía no es definitiva). Deben saber los motivos de este cambio y que se les está teniendo en cuenta. Aunque sean pequeños es necesario tratarlos como adultos. De hecho, al contrario de lo que muchos piensan, no hablar de la mudanza no los protegerá, y en cambio hacerlo puede servir para reducir su incertidumbre. Debemos responder a sus preguntas y dudas con sinceridad.

En el caso de un cambio de barrio que implique, por ejemplo, un cambio de colegio, es recomendable darles la oportunidad y tiempo suficiente para que se despidan de las personas que han sido importantes para ellos: compañeros de clase, vecinos, profesores… Debemos decirles que no van a perder el contacto, que van a seguir viéndose y haciendo planes juntos, y comprometernos a que así sea.

Hazlo partícipe de la mudanza

La mejor manera de que los niños y adolescentes no se sientan desplazados ni angustiados es involucrarlos en la mudanza, aún a riesgo de hacer menos ágil el proceso (al fin y al cabo, ellos son lo más importante): que visiten las casas, que elijan su habitación y sus nuevos muebles, el color de las paredes, etc.

En la mudanza, pueden ayudar a hacer listas, a marcar cajas, y a todo tipo de tareas.

Si vemos que nuestro hijo, a pesar de nuestros esfuerzos, no se interesa por la mudanza, quizá sea buena idea que pase unos días en casa de un algún familiar o de algún amigo de confianza, mientras tiene lugar la mudanza. Así lo mantendremos alejado de todo el estrés que supone.

Intenta hacerlo divertido

Aunque una mudanza no es una perspectiva especialmente apetecible para nadie, siempre hay cosas que podemos hacer para hacerla un poco más divertida a los más pequeños: por ejemplo, podemos animarles a decorar sus cajas, o plantear juegos para llenarlas.

Mantén una actitud positiva

Aunque no estés de humor durante la mudanza, intenta mantener una actitud lo más positiva posible en todo momento, al menos delante de ellos. A los niños les afecta mucho las actitudes y estados de ánimos de sus padres en los momentos de cambios y necesitan que éstos les transmitan tranquilidad y seguridad.

Asume compromisos

Además de procurar que el niño no pierda el contacto con las personas con las que se relacionaba en su antiguo hogar, debemos ayudar a que establezcan nuevos lazos con gente nueva.

Mantén algunas cosas como estaban

A menudo pasamos por alto pequeños detalles que pueden molestar a los niños, que están acostumbrados a ellos. La ropa de cama, por ejemplo, es uno de los artículos que mantienen un olor inconfundible que puede ayudarlos a sentir seguridad y confort en la nueva casa.

Conoce el nuevo lugar

Los niños necesitan tiempo para acostumbrarse a los cambios. No debemos olvidar que no es solo el hogar lo que cambia, sino las rutinas y las relaciones interpersonales. Por eso es buena idea que unos meses antes de la mudanza (o con la mayor antelación posible) le enseñemos el barrio y después le demos a conocer su futuro hogar para que empiece a familiarizarse. Tal vez continúe reacio, pero poco a poco se irá haciendo a la idea.

¿Necesito ayuda de un profesional?

A la hora de hacer la mudanza que nos planteamos una infinidad de preguntas. Probablemente una de las primeras es si vale la pena realizar el traslado nosotros mismos o contratar a una empresa de mudanzas.

En mudanzas con niños suele valer la pena contratar una empresa de mudanzas, para hacer el proceso más llevadero y poder dedicar parte del tiempo en atender a sus necesidades. Si incluso queremos evitar a los más jóvenes ver sus pertenencias sacadas de su lugar y embaladas, quizá sea interesante contratar el servicio de embalaje y desembalaje. Así les será más fácil hacerse a la idea del cambio de casa, al ver las cosas, simplemente, en otro lugar.

Es importante dedicar tiempo a investigar qué empresas nos transmiten más confianza y fiabilidad. El comparador Másquemudanzas hace más fácil esta tarea, al facilitarnos presupuestos de distintas empresas en 48h o menos.

En el caso de optar por hacerlo nosotros mismos, es importante escoger una furgoneta que sea lo suficientemente grande para poder transportar todas nuestras pertenencias en los mínimos viajes posible. No está de más echar mano de familiares, amigos o vecinos para que nos ayuden, pero recordemos que les deberemos una mudanza, mañana nos tocará a nosotros.

Y después de la mudanza…

Una vez terminada la mudanza es importante ayudar al niño a adaptarse por completo a su “nueva vida” y seguir manteniendo las rutinas de siempre: mantener el contacto con las personas con las que se relacionaba antes, ir de vez en cuando a lugares cercanos a la antigua casa, como la panadería, la cafetería, etc. También debemos ayudarles a hacer nuevas amistades y a ver lo positivo de conocer tiendas nuevas, parques nuevos, etc. Si hacemos un buen equilibrio entre mantener antiguas costumbres y abrirnos a lo nuevo, el cambio no será tan brusco.

En el caso que la mudanza sea a otra ciudad o país muchas veces la distancia dificulta mantener el vínculo, sin embargo, hoy en día, las tecnologías están a nuestra disposición para acercar a aquellos a los que tenemos lejos.

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